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viernes

cama vacía ( y grande)


Es una cama vacía cuando la miro fijo. Pero sus formas se van diluyendo en ese cuerpo que no está. El olor de la piel chamuscada no puede ocultarse debajo de las sábanas. Sabés muy bien de lo que hablo, porque vos sentís lo mismo cuando ves ese trozo de tela uniforme, rectangular, inerte.
¿Pensás en mí? Nunca pudiste verte en mi totalidad. Todavía espero ese momento. ¿Me dirás por fin lo que quiero que me digas? Te hablo cuando no estás. Te hablo cuando sé que no me podés escuchar porque estás en la punta de mi cama y ya estás dormido.

miércoles

Polvo y risa

Yo no podía creer que estabas hecho de polvo. Siempre me pareciste tan similar a la sustancia que me asustaba. Cada vez que te tocaba te retorcías y te escurrías. Si te besaba te volvías duro y si te pensaba tu risa retumbaba en el interior de mi cabeza. Pero ¿cómo oír tu risa si te reías sin sonido? Tu risa solo era visible desde arriba. Desde abajo solo podía ver unos labios finos y fríos. Fríos y gruesos. Ambos a la vez. Si te tocaba el ombligo me decías que te dolía, que te daban ganas de hacer pis. Vos me tocabas a mí, y yo no decía nada, pero me daban ganas de reír. Mi risa no era como la tuya, la mía sonaba, la mía era fuerte. Esa noche en la cama nos reímos pero solo recuerdo mi risa. ¿Por qué escondías la tuya? Ahora me doy cuenta que estabas hecho de polvo.

Niña tristeza

¿Cuántas?
Muchas noches te espero, querida tristeza. Venís disfrazada de amarillo, lucerito sin pena. Con olor a azufre y los dedos regordetos. Me tocás la frente y me pedís perdón. Me hablás en otra lengua con palabras extrañas, pero estás tan adentro que te entiendo. Me hablás por medio de imágenes claras. “Todos pueden entenderme” me decís y la sonrisa se dibuja en tus manos. No te persuadas por mis lágrimas, ni por el hambre que dejás en mí. “¿No te cansás de ver a los niños? Te pregunto, pero ya no me escuchás. Te entretiene el viento en la ventana. “Vení tristeza, bailemos juntas” pero ya me he quedado dormida.

martes

Mujer-guerra (II)


Vestida de dolor vas, Mujer-guerra, hacia la luna.
Colores oscuros rodean tus caderas.
Hay callos en tus manos duras, sin uñas ambas.
Tus pechos aun producen leche para bocas desmentidas.
Tus besos aun llenan corazones muertos.
Vestida de dolor vas Mujer-guerra, hacia los campos.
Tu cabeza sin pelos, tus ojos sin pestañas.
No hay maquillaje que pueda borrar el horror impreso en tu cuerpo.

lunes

Bailemos

Quiero que toques la punta de mis dedos

Que roces, descendiendo, por mis muñecas.

Que beses la parte interna de mis brazos hasta llegar a mis axilas.

Me gusta el sonido que hacés cuando estás excitado

Y cómo acompaña tu cadera la música interior.

Me gusta que me tires del pelo,

Pero más me gusta que no sepas mi nombre.